El pasado miércoles 2 de abril, entra en vigor el arancel del 25% de Trump a todo auto o pieza importado a los Estados Unidos. Es ahora cuando empezaremos a ver cómo responde el mercado a este severo gravamen que busca fomentar el crecimiento de la industria estadounidense. Para ello, Trump espera que los fabricantes trasladen la producción de sus productos del extranjero a este país. Pero ¿se puede realmente?
Vender autos es una cosa, pero las fábricas y sus procesos productivos detrás de ellos son un mundo en sí mismo. No es tan simple como que un CEO ordene a una fábrica cambiar el molde que están usando. No, hay mucho más que eso. Estas decisiones incluso pueden pasar por las mesas de inversionistas y stakeholders antes que siquiera se gestione y ejecute cualquier cosa. Si su aprobación no llega, todo queda en anécdota.

Planta de Toyota en Kentucky.
Después está la capacidad de producción, los turnos de trabajadores por cada línea de producción, la disponibilidad y capacidad de las fábricas de estampación, el suministro de materias primas para estas, los contratos con los proveedores de piezas como el cableado, los cristales, los neumáticos y los famosos microchips, entre muchos otros componentes. Además, muchas veces las cosas ocurren en distintas plantas y hasta distintos países. Sí, eso implica cruzar la frontera y pagar impuestos.
Todavía no hemos considerado siquiera la compatibilidad de la fábrica con la plataforma que use el vehículo cuya producción deba ser trasladada. Esto es especialmente sensible con los múltiples nuevos modelos eléctricos e híbridos. Sus líneas de montaje requieren más medidas de seguridad y extensas capacitaciones para los operadores. La implementación de todo esto significa inversiones millonarias y certificaciones de acuerdo con las normativas locales.

USAL es una gran empresa transportista de autos en Estados Unidos. Trabaja con Hyundai, Toyota, Nissan, Mercedes-Benz, General Motors, entre otros.
Ok, pero supongamos que todo eso se resolviera milagrosamente. ¿Qué pasará después con las empresas transportistas? Si no hay disponibilidad de camiones o trenes para llevar los autos a sus respectivos concesionarios, las fábricas atocharán sus bodegas. Hasta podrían verse en la encrucijada de tener que asumir costos extras en almacenaje.
Lógicamente todo esto no se resuelve rápidamente, nadie lo hará; puede llegar a tomar años. Lo paradójico es que con el alza de precios naturalmente bajarán las ventas de autos nuevos y probablemente aumenten las de autos usados. En consecuencia, si las marcas no venden autos, van a ralentizar la producción para ajustar su oferta a la demanda. Y eso podría ser justamente el efecto inverso al que busca conseguir Donald Trump.
Las marcas que se anticiparon al 25% de Trump

Planta de Honda en Indiana, línea de montaaje del Civic Hatchback.
Está claro que desde que Donald Trump se veía como posible candidato favorito para tomar el poder en la Washington, los famosos aranceles serían cuestión de tiempo. La cuestión era a quiénes o a qué estaría dirigido, cuánta sería la nueva carga y, en este caso, cómo llegaría a afectar a la industria automotriz.
Ya fuera premonición o apuesta a futuro, está claro que hay marcas que han realizado inversiones en fábricas estadounidenses en los últimos años y eso hoy significa una tremenda ventaja. De hecho, un ejemplo patente es Honda, que en 2020 anunció una inversión de 150 millones de dólares en su planta en Ohio. Luego, en 2021, hizo pública la próxima creación de una planta de baterías en Alabama por 400 millones.

Planta de Honda en Indiana, línea de montaaje del Civic Hatchback.
Llegó 2025, asumió Trump y en febrero llegaron los aranceles de un 25% para las importaciones de México y Canadá hacia los Estados Unidos. Pésima noticia para Honda, ya que su fábrica de aquel país latino destina un 80% de su producción a los Estados Unidos.
Sin embargo, pasó apenas un mes y anunció que el próximo Civic será fabricado en Indiana, por allá por 2028. Este cambio de estrategia fue citado por el mandatario cuando anunció el nuevo 25% de Trump para la industria automotriz desde la oficina oval. Por un minuto fueron el niño ejemplo de la clase.

Hyundai y Kia han invertido mucho en Estados Unidos en los últimos años y hoy están en una posición ventajosa.
Toyota, Volkswagen, BMW, Hyundai y Kia, también se han anotado con inversiones importantes en fábricas en Estados Unidos en los últimos cinco a seis años. Ahora, evidentemente no lo hicieron pensando en que en 2025 llegaría semejante gravamen. De hecho, esta medida los perjudica igualmente.
Hay que tomar nota de algo que ayuda a dimensionar los cambios que Trump quiere que hagan los fabricantes de autos: Honda se tomará al menos dos años en cambiar el lugar de origen del Civic. De hecho, aprovechará la entrada de la nueva generación del modelo para implementar el nuevo diseño productivo. De cierta forma —un poco simplista, por cierto—, partirá de cero para empezar para fabricar en Estados Unidos.

Tesla, por supuesto, tiene las de ganar con este tipo de medidas, aunque eso no quita la actual tendencia decreciente de sus ventas.
¿Qué pasará en el intertanto? Muchas cosas. Las marcas de autos tendrán que reestructurarse, al menos en torno a este país. Si este marco tributario se mantiene, probablemente habrá reformas en la planificación de nuevos modelos que sencillamente no podrán sobrevivir al aumento de precios.
No obstante, lo más importante es que todo, de una u otra forma, recae en las personas. Subirán los precios que pagan los clientes y las fábricas que pierdan producción deberán reducir el personal. El tiempo dirá si esta política siquiera beneficia a los estadounidenses o no.
¿Qué opinas sobre el 25% de Trump para la industria automotriz? ¡Te leemos en los comentarios!

